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domingo, 17 de julio de 2011

Pudding de albaricoque y banana bread, o cómo aprovechar frutas a punto de fenecer

Nuestras madres y abuelas pueden estar orgullosas de hijos como nosotros que, en contra del mainstream de los tiempos, huimos del usar y tirar, y nos avergonzamos de cuando en cuando del carácter consumista que generacionalmente llevamos impreso en el ADN (aunque no en la misma medida que los que vienen detrás, esos están definitivamente perdidos para la causa).

El caso es que en verano es relativamente sencillo encontrarte en la cocina con unos plátanos prematuramente ennegrecidos, peras con un olor sospechosamente alcohólico o albaricoques o melocotones a punto de convertirse en mermelada dentro del frutero. Los de la generación que viene detrás lo tirarían todo a la basura con una mueca de asco. Nosotros, que además del consumismo llevamos impreso en el ADN un cierto complejo de culpa por haberlo tenido en la vida bastante más fácil que nuestros padres, nos lo pensamos un poco. Y a veces hacemos cosas como éstas.

El banana bread es una receta que Almudena trajo de Canadá y que yo he reproducido fielmente, incluidas las medidas en el sistema imperial gracias al juego de cups del que ella y J. me han provisto tan generosamente. La única variación fue que la harina, en vez de trigo blanco, fue integral, que era la que tenía en casa. Los plátanos a punto de fenecer los tenía congelados (pelados previamente). Saber que esto se puede hacer me ha resultado muy práctico, aunque confieso que no fue una visión agradable sacarlos de la bolsa de plástico tras la descongelación.

El pudding de albaricoques ha sido improvisación absoluta. Me pasé de cantidad al comprarlos y he sido demasiado lenta para comerlos, así que esta mañana me vi en la tesitura de tirarlos o cocinar algo con ellos. Como ha sido un pronto, no he pesado ni medido nada, así que las cantidades son aproximadas (algo que se supone que no se debe hacer con la repostería). La cosa ha sido más o menos así:

- 9 albaricoques
- 250 gr. de leche
- 2 huevos
- 50 gr. de azúcar mascabado
- Media barra de pan duro
- 2 granos de pimienta inglesa/allspice
- Mantequilla para saltear los albaricoques

Por un lado, he salteado los albaricoques en la mantequilla con una tercera parte del azúcar. Por otro, he mezclado la leche templada con los huevos, el resto del azúcar y la pimienta molida. Como el pan estaba muy duro, lo he tenido mojado con la mezcla de leche y huevos unos 15 minutos antes de poner los albaricoques. La fruta se mezcla con lo anterior y se dejan 3 o 4 piezas para adornar la parte superior. Una hora al horno a 170-180 grados y ya tenéis desayuno y acompañamiento para tomar el té para unos cuantos días.

viernes, 22 de abril de 2011

Sourdough pancakes

There's no mystery at all in this recipe. I've been feeding my sourdough this week because I want to bake some loaves for weekend. You know that adding more and more flour and water each time might get you in troube if you didn't throw some of the dough away. But that's a part of the process I've always felt unconfortable with. First, because I can still hear my mother telling me, when I was a child, "food can't go to the dustbin, you know how many children are starving all around the world right now?". Beside this, your sourdough is something alive you care about, that's why you feed it from time to time with the best flour you can find and put into the fridge to let it rest. Don't you think it's a little bit psychopathic to treat it like trash? What to do then?

This morning I was in a very good mood and decided to change my sourdough leftover's fate. Instead of putting it into the dustbin, I put it into the frying pan and made some pancakes with it. I added some Irish salted butter and tomato jam. Anglo-Saxon and Mediterranean at the same time. What else?